No son un juguete. Son seres vivos con emociones y sentimientos, con dolor y sufrimiento, con hambre y sed... No los trates mal ni los abandones en cualquier lugar. El abandono de animales sí tiene solución.
¿Por qué los abandonamos? ¿Quizás porque carecemos de la cultura, educación, sensibilidad y respeto por la vida que otros sí tienen? ¿Quizás porque nos puede nuestro espíritu consumista y meramente utilitario? ¿Quizás porque no nos importa lo más mínimo que se reproduzcan sin control? ¿Quizás porque un día nos levantamos y descubrimos que condicionan nuestra vida profundamente (paseos, veterinarios, alimentación, ruido, necesidad de jugar...)? Ya nos ehmos aburrido de él, desde luego, no pensamos sacrificar nuestras vidas y menos las vacaciones por su culpa... Además de vivir en el país occidental con el mayor número de abandonos, nuestro índice de adopción es uno de los más bajos de la Unión Europea.
Tenemos la solución al alcance de nuestras manos. En nuestra calidad de personas tenemos que hacer frente a nuestras responsabilidades. La llegada de un animal de compañía a la familia debe ser un acto madurado y muy meditado, porque son obsequios forrados de ilusión, cariño, compañerismo y fidelidad que sólo deben ser recibidos cuando nos reconozcamos en nuestras limitaciones y condiciones y, conscientemente, asumamos que durante siete, diez o quince años seremos capaces de honrar sus necesidades y cuidarlos adecuadamente. Sólo si asumimos que seremos capaces de hacernos cargo de su cuidado, alimentación, educación y necesidades afectivas y de diversión, en cada momento de su vida, estaremos en condiciones de compartir nuestra vida con un animal de compañía.